Mi tía, Yo cupido y unas albóndigas

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Mi amiga Maggie, El cajón desastre de Maggie, celebra su 7º cumpleblog. Cada año, prepara la celebración por todo lo alto y nos involucra mediante concursos, sorteos… siempre de forma diferente y muy generosa. Doy fe de ello porque gané una vez y me llegó desde Holanda una caja enorme llena de cositas muy chulas.

Este año la celebración consiste en escribir una historia real que la haga reír y para ello, nos pide que lo que contemos sea la verdad y nada más que la verdad. Ya me gustaría que se grabara cada vez que lee nuestros textos porque a lo mejor, nos traía la risa de vuelta. 

Cada día que pasa, es un día más de todos los que va cumpliendo mi blog. Muchas veces recuerdo cómo fueron los inicios, cómo ha ido cambiando este mundillo y por qué muchos de esos cambios, no me gustan demasiado. Como no es mi cumpleblog, no me extiendo más sobre el tema, pero eso no quita para darle las gracias a Maggie por seguir promoviendo este tipo de iniciativas. Nos dan vidilla y a su vez, crean y refuerzan lazos de amistad y de solidaridad. Si la risa es el motor, vamos a por ella.

La historia que voy a contar va acompañada de una receta como es lógico a pesar de que la protagonista cocinaba muy poco y era su hermana la que se encargaba de ello. Con el tiempo, aprendió a hacer paellas con leña muy bien y solía preparar alguna receta.

No quería publicar algo dulce en estas fechas y me he decidido por modernizar una receta de albóndigas que ella hacía con carne de ternera y magro de cerdo. Mis cambios han sido sustituir la carne por pavo y añadir manzana. Para que fueran más sanas, una parte están cocinadas al vapor y el resto, fritas con muy poco aceite. La salsa de nueces combina de maravilla con las albóndigas y el dulzor de la manzana.

Y ahora, vamos con la historia y con la receta. Espero que os gusten. 

Gracias amiga Maggie. Deseo como mínimo, hacerte sonreír. Feliz cumpleblog. 

Con esta historia-receta participo en el Sorteo del 7º Cumpleblog del Cajón desastre de Maggie. Una receta, una sonrisa.

Mi tía, Yo cupido y unas albóndigas

Tenía muchas tías, unas carnales y otras que se ganaron el título por cariño del grande. Ha sido casualidad que esta vez, la protagonista sea otra de mis tías y que se llame también Carmen (como tía Carmen, mi tía abuela de la que he contado historias y he compartido recetas).

Para diferenciarla, empiezo mi historia llamándola por el diminutivo, que era como la conocía todo el mundo, “Carmencita”. Carmencita era la hermana mayor de mi padre y falleció hace poco más de un año a los 91. Ella, su hermana y mis abuelos, vivían en el piso de abajo y por eso, el contacto era mucho, para lo bueno y lo no tan bueno.

Delgada, de ojos verdes, empezó muy joven a trabajar como secretaria en la ya famosa fábrica de mantas Paduana. Era la favorita de su familia, pero eso, no le facilitó casarse como a ella le hubiera gustado y sí evitarse diariamente las tareas más duras de la casa. 

Mujer soltera de toda la vida y beata devocional, cuando falleció su padre, pasó del luto rigurosísimo a enfundarse el bañador, empuñar el bote de Nivea y quemarse al sol en su terraza. Lo peor era que nosotras éramos las siguientes en acabar rojas como gambas sofritas en Nivea.
 

Descubrió un día la cera caliente para depilar y no dudó ni un minuto en calentarla y ser la primera en arrancar mis pelos de preadolescente, tirón tras tirón, con todo su empeño. Menos mal que cambiamos a otras cremas protectoras y aparecieron las bandas de cera, que sustituían la quemadura de segundo grado por un tirón que picaba de lo lindo, eso sí, sin arrancarte la piel.

Era especialista en vivir más la vida de los demás que la propia, pero en cuestión de amores, se sintió bastante libre para hacer su vida, aunque su forma de ver las relaciones sentimentales denotaba inmadurez y carencias afectivas.

Tal vez la culpa fue de una calentura por Nivea, tal vez no, pero un día de diciembre, se me ocurrió preparar una inocentada. Era la broma de una niña inexperta en cuestión de amores, pero consciente de la ingenuidad amorosa de su tía.

Soy rápida imaginando y poniéndome en acción y no se me da mal redactar. Ya entonces, con poco más de 11 años, era consciente de ello y por eso, planifiqué mi inocentada sabiendo que mi tía iba a caer. 

Fue fácil para mí, abastecerme de lo necesario porque mi padre tenía entonces un despacho en casa y allí había de todo, como es natural en un maestro. Cogí un sobre ya abierto, corté el papel alrededor del sello e introduje éste en un recipiente con agua tibia para que se despegara y lo dejé secar. Después, me puse a redactar una carta de amor.

Mi querida Carmencita y bla, bla, bla… 

Escribí la carta, deformando la letra y finalicé con un rúbrica dibujada con rapidez; luego pegué con cuidado el sello en un sobre impoluto. Busqué uno de los cuños que mi padre tenía y el tampón de tinta y con mucho cuidado para que no se leyera el nombre de alguna de sus academias, estampé el cuño encima del sello. Finalmente, escribí el nombre de mi tía y la dirección, dejando en blanco el remitente, en la solapa de la carta. 

El día 28, día los Inocentes, bajé el tramo de escalera que nos separaba e introduje el sobre en el buzón para que cuando mi tía llegara del trabajo, lo encontrara. Mi hermana y yo controlamos la llegada nerviosas. 

No tardó mucho mi tía en llamar al timbre de casa y nosotras bajamos corriendo disimulando para ver su reacción. Estaba muy contenta e intrigada porque no podía adivinar quién le había podido mandar esa carta de amor.

- Nena, ¿quién me habrá enviado la carta? ¡Qué bonito lo que dice! 

- ¿Qué pone, tía? ¿Qué pone? 

No tardó nada mi padre en asomarse, bajó, vio y adivinó sin ni siquiera leer la carta. Era el día de los Inocentes y por eso no me riñó, acabando todo en una broma. 

No podíamos disimular nuestras caras de pillinas, especialmente yo, porque aunque parezca raro, tras leer esta historia, no era nada traviesa. Sólo quien me conoce bien, sabe que tengo un punto de humor muy mío que sólo florece si hay confianza. 

Mi tía era más de negros que de grises o blancos, por lo tanto, esos ratos de broma (aunque un poco cruel por mi parte), no le venían nada mal. Después todo quedaba en un “esta xiqueta, quina barra que té!"*, palabras que siempre decía y que quiero dejar aquí escritas porque sólo se las oí a ella. Al final de aquel día, todo quedó en muchas risas. 

Y esta es la historia de mi tía, su pequeña cupido y unas ricas albóndigas.

He rescatado una foto que tenía en el ordenador en la que están los cuatro hermanos en tiempo de pre-guerra. Mi tía es la mayor y mi padre, el pequeño.  En el medio, mi otra querida tía, Milagro y mi tío Vicente. Me gusta especialmente y he querido mostrarla. No hay nada más inocente que la foto de unos niños.


La publicación de la historia el día 28 ha sido casual, de hecho, quería haberlo hecho la semana pasada, pero cuando me pongo a redactar, me cuesta bastante tiempo. Ha sido esta mañana cuando me he dado cuenta de que coincidía el día de publicación con el del día en el que ocurrió la historia y ya veis la hora en la que publico. Si me descuido, no llego.

Albóndigas de pavo y manzana

Albóndigas

Salsa de nueces

- 2 dientes de ajo
- 80 g de cebolleta
- 50 g de pan rallado
- 400 g de solomillo de pavo
- 70 g de miga de pan
- 30 g de leche
- 70 g de manzana
- 1 huevo M
- sal y pimienta
- 200 g de cebolleta
- 2 dientes de ajo
- 25 g de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharada de mostaza
- 70 g de Mistela (vino Moscatel)
- 200 g de agua
- 120 g de leche evaporada
- 10 nueces enteras


*recipiente varoma o cesta para cocer al vapor
*sartén y aceite de oliva para freír
Antes de empezar… 

- Pelar los dientes de ajo, quitar el germen y cortarlos en trozos. 

- Quitar la capa externa de las cebolletas y cortarlas en trozos. 

- Poner a remojo la miga de pan en la leche. Cuando esté blanda, escurrirla bien.

- Pelar la manzana, quitar el corazón y cortarla en trozos. Para que no se oxide, rociarla con un poco de zumo de limón. 

- Si no lo está, cortar el solomillo de pavo en trozos pequeños.

Preparación en TMX 5

De las albóndigas

- Poner todos los ingredientes de las albóndigas (excepto la manzana) en el vaso. Programar, 30 segundos, velocidad 5. Bajar los restos con la espátula y comprobar si ha quedado algún trozo demasiado grande. Si es así, programar de nuevo 1 minuto más a la misma velocidad.

- Añadir la manzana troceada y programar, 15 segundos, velocidad 3.

- Sacar la mezcla del vaso y pasarla a un bol. 

- Formar las albóndigas del tamaño deseado. Colocar las que se vayan a cocinar al vapor en la bandeja y el recipiente varoma (previamente pincelados con aceite). Reservar el resto de albóndigas que se vayan a freír.

La salsa y cocción al vapor de las albóndigas 

- Poner en el vaso el aceite, la cebolla y los ajos. Programar, 5 minutos, velocidad 5. Bajar los restos con la espátula y cocinar durante 5 minutos, 120º, velocidad 1. 

- Agregar la mostaza, el vino dulce, el agua, la leche evaporada y las nueces. Triturar programando, 1 minuto, velocidad progresiva 5-10. 

- Colocar el recipiente varoma sobre la tapa. Programar, 20 minutos, varoma, velocidad 2. Terminado el tiempo, comprobar con cuidado la cocción de las albóndigas y si es necesario, programar, algún minuto más a la misma temperatura y velocidad.

- Servir las albóndigas cubiertas con la salsa caliente.
Preparación tradicional

De las albóndigas

- Poner todos los ingredientes de las albóndigas (excepto la manzana) en el vaso de un robot o procesador de alimentos. Triturar hasta obtener la textura deseada. Sacar la mezcla del vaso del robot y pasarla a un bol. Reservar.

- Si no tenemos este tipo de robot, pedir al carnicero que nos pique la carne y mezclarla con el ajo y la cebolla picados menudos.

- Incorporar a la mezcla el pan rallado y la miga escurrida. Ir incorporando poco a poco el huevo batido y cuando se integre, agregar la sal y la pimienta.

- Añadir la manzana troceada y mezclar bien con las manos hasta que esté totalmente incorporada.

- Formar las albóndigas del tamaño deseado. Colocar las que se vayan a cocinar al vapor en la bandeja de la vaporera (previamente pincelada con aceite). Reservar el resto de albóndigas que se vayan a freír.

La salsa y cocción al vapor de las albóndigas 

- Poner el aceite en una cacerola. Cuando esté caliente, agregar la cebolla, los ajos y una pizca de sal. Sofreír durante unos 10 minutos a fuego medio-bajo cuidando de que la cebolla no se queme. 

- Agregar la mostaza, el vino dulce, el agua, la leche evaporada y las nueces. Cocer la salsa a fuego medio y con la cacerola tapada durante unos 20 minutos. Terminado el tiempo, comprobar con cuidado la cocción de las albóndigas y si es necesario, programar, algún minuto más.

- Por otro lado, cocer las albóndigas en la vaporera mientras se hace la salsa. Si tenemos una cesta para cocer al vapor que se pueda adaptar a la cacerola, tendremos salsa y albóndigas listas a la vez.

- Triturar la salsa cuando se atempere un poco hasta obtener la textura deseada. 

- Servir las albóndigas cubiertas con la salsa caliente.

Albóndigas fritas o casi 

- Las albóndigas que reservé y no cocía al vapor, las pasé por pan rallado, las aplasté un poco y las freí en un poco de aceite caliente. Iba dándoles la vuelta de forma que, quedara más dorada la base superior e inferior.

Notas: 

- Si no os gusta la mostaza, no es necesario utilizarla. Lo hice para que contrastara con el dulzor de la manzana y el sabor de las nueces y el pavo. No es necesario indicar que en aquellos tiempos de mi infancia, la mostaza no la conocíamos. 

- Mi tía freía en abundante aceite las albóndigas y sin pasarlas por pan rallado. 

- Si os sobran, se pueden congelar junto a la salsa, en un recipiente apto para congelación.

- "Esta xiqueta, quina barra que té! significa en valenciano, "esta niña, qué cara más dura tiene"... aunque me parece que para ella era una frase hecha que estaba más cercana a "esta niña cómo es"

- Tengo bastantes historias escritas y publicadas en el blog y la más “divertida”, aunque nos hacía reír con la boca pequeña, es la que conté en esta entrada, Tortilla dulce de tía Berta

Bon profit!

6 comentarios:

  1. Hola Marisa qué historia más graciosa y tierna a la vez con estos recuerdos de la infancia. Estas albóndigas te han quedado de rechupete y ojalá ganes el concurso. Un besazo guapa, Feliz Año y nos vemos seguro en el 2019.😘

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  2. Querida amiga, me fui anoche a la cama con una sonrisa y conociendo tu faceta mas pillina jijijijiji y desde luego con un receton que me llevo ya porque soy una loca de las albóndigas! Gracias por participar amor, con una historia especial y con tu forma tan bonita de escribir. Un beso enorme y mucha suerte!

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  3. una simpática historia y unas deliciosas croquetas
    un gran beso
    Rosa

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  4. Vaya, vaya Marisa!!!
    Jajaja cómo me has sorprendido pillina!!!
    Se nota que en esos tiempos no se tenía tanta televisión, se le daba mas a la cabeza en pensar y en algo había que entretenerse.
    Me ha encantado tu historia!!

    Besos y Feliz 2019!!!

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  5. Que trastillo devias ser por lo que esplicas, menudo se la armastes, una historia bien linda, como estas albondigas que con la manzana le tiene que dar un toque muy rico, Feliz 2019 Marisa

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  6. Qué linda historia Marisa, y que forma más bonita de mantener viva la memoria de un ser querido. Un abrazo.

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Muchas gracias por comentar. Me alegra leer tus palabras y si aprendo de ellas, todo un placer.
Espero tu visita de nuevo.
Este blog no participa en cadenas de premios. Gracias si has pensado en mí.