A veces no sabes qué hacer de comer o de cenar o no tienes tiempo o ni te apetece cocinar. ¡Caramba! Quien no lo diga, falta a la verdad. Hay días en los que la vida no da para más o ni siquiera eso, las que cocinamos sin muchos recesos, necesitamos parar y ponérnoslo fácil. Y de eso se trata esta receta que casi no es receta pero se disfrutó.
Cuando toca revisar y limpiar armarios, a veces nos encontramos con sorpresas y eso puede ocurrir más si te olvidaste algo al finalizar el verano. Me pasó con un paquete de avellanas tostadas que apareció tras estar escondido unos meses.
Cada semana se vienen unos cuantos calabacines blancos a casa y además, uno como mínimo llega en la caja y suele ser enorme. No hice crema de calabacín y no me acordaba, así que se me acumularon demasiados en la nevera. ¿Cómo darles salida?
Como las alcachofas están a mucho mejor precio, vuelvo a utilizarlas en una receta en la que he aprovechado un par de remolachas que ya tenía en la nevera tiempo, un huevo duro y un resto de nueces. Ya os había mostrado cómo las cuezo enteras en la olla rápida y en esta ocasión al ser pequeñas, reduje el tiempo.
