Tomate rosa, falso carpaccio


No sé si os habéis enterado de que me gusta el tomate, no, no me gusta, me requetegusta. Y no sólo a mí, a toda mi familia; cualquiera que nos ve comer tomate, queda alucinado: a mordisco limpio, a mordisco limpio y con sal, con mucho aceite de oliva y sal, sin nada más. Lo que también les asombra es que las ensaladas no son de un tamaño normal y de que en un plis-plas, desaparecen de la mesa. Imagino que piensan cómo podemos comer tanto tomate de una sentada. Y si a eso le añadimos, que si hay confianza, no nos cortamos en mojar pan en el aceite que queda cuando el tomate ya ha sucumbido a nuestra “gula tomatera”, pues no hacen falta más comentarios. Y también os puedo asegurar que quien viene a comer a casa más de una vez, acaba abducido por nuestra adicción a una buena ensalada de tomate, aceite y sal.

Recuerdo que siendo muy jovencita en verano, cuando estábamos en la casa de campo, siempre se invitaba a comer un vecino de otra casa que estaba muy cerca de la nuestra. Roberto, que era como se llamaba era un señor mayor y que no sabía hacer prácticamente nada más que encender “tracas” y hogueras con el peligro de que se le quemara su casa, el pinar y todo lo que le rodeaba.

Roberto era de mi pueblo, pero vivía en Valencia y le encantaba venir a su “caseta” siempre que podía. Lo mejor que tenía en su vida era su mujer, Teresa, ella sí que valía para todo.

Recuerdo que llamaba a mi padre para que le solucionara cualquier cosa, incluso, hacer una maniobra para salir de su casa en el coche. Su mujer, con cuatro hijos, tuvo que ingeniárselas para sacar a su familia adelante ya que su Roberto, no valía para trabajar en nada. Ella sola montó su propio negocio de confección de ropa interior, tan sólo comprando un sujetador, descosiéndolo, sacando unos patrones y a partir de ahí, empezar a coserlos como churros. Ella sola consiguió que sus tres hijos mayores fueran a la Universidad y que el pequeño siguiera el negocio que inició.

Cada verano y cada fiesta, tanto Roberto como Teresa, se venían a la casa del pueblo y pasábamos con ellos muchas horas de risas y cháchara. Cuando tuve que irme a Valencia a estudiar en la Universidad, Teresa tuvo claro que su casa era mi casa y pasé con ellos los dos primeros años de carrera de los que os podría contar mil historias.

Y vosotros os preguntaréis qué relación tiene esta historia con el tomate. Os he hablado un poquito de Roberto tan sólo para contaros una anécdota, de entre las muchas que tengo de él, tantas, que hasta el día de su funeral, su hijo pequeño, nos regaló una larga lista de ellas, como homenaje a su padre. Todo el mundo reía emocionado, porque eran “historias para no dormir”, pero de lo más cómicas y que yo ya conocía de antemano.

Un verano. Roberto, como siempre, se había invitado a comer. No había nadie de su familia, pero estaba con él un amigo suyo. Cuando venía a nuestra casa a comer traía su bota de vino y poco más y si queríamos, podíamos jugar con el al “chamelo” (dominó) durante horas. Si era verano, nos invitaba a coger higos de su fabulosa higuera. Nos contó que mientras se acercaban a nuestra casa él y su amigo, le dijo:

- “Ja voràs quina ansalà de tomata fa Mª Luisa, és enorme i com el descuides, ni la tastes” (ya verás qué ensalada de tomate hace Mª Luisa, es enorme y como te descuides, ni la pruebas). 

Pues su gozo en un pozo, cuando llegaron y se sentaron a la mesa ese día, no había ensalada.

- “Xe” - dijo Roberto- no m’ho puc creure”. No se lo podía creer, pero así fue, aquel día, los tomates, brillaron por su ausencia. Mª Luisa, mi madre, ese día no la preparó y eso era raro, raro.

Y esos tomates, los de mi infancia y mi adolescencia, eran los maravillosos tomates rosa. Recuerdo a mi padre plantar unas matas y guardar las semillas para el año siguiente. Piel fina, sabor dulce y carne tersa. Mi madre siempre los pelaba y a mí también me gustaban así.

Ahora que no vivo allí, no los encuentro fácilmente, pero el otro día tuve la suerte de verlos en una verdulería sin esperarlo. A precio de oro, sí, pero ni lo dudé y me llevé dos kilos. Quedo a la espera de ir a mi pueblo para que mi hermana me consiga unos buenos tomates rosa recién cogidos de la mata

Investigando un poco, he descubierto que el tomate rosa no sólo se cultiva en mi pueblo, Ontinyent, también es muy conocido el de Altea y el de Barbastro, en El Somontano en Huesca, entre otros lugares. Hay quien los llamaba tomates Rosabel, pero yo no lo había oído nunca.

Los antioxidantes naturales (vitamina C, carotenoides y polifenoles) están presenten en los tomates y está demostrado que su consumo ayuda a la salud, ya que contribuyen a prevenir patologías como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, y son también un aliado contra el envejecimiento.

El tomate rosa es un fruto grande de color rosado, con una piel fina, aromático, carnoso, compacto, dulzón, con poca acidez y escasas semillas. Además de las características organolépticas que lo distinguen de otras variedades.

Mientras espero a volver a tener estos maravillosos tomates, os presento esta receta sencilla y llena de sabor. Una forma de comer tomate diferente, una receta fresca, ligera, veraniega y muy saludable. Ideal para cualquier persona a dieta o simplemente para los enamorados de los tomates como yo. Y sólo yo me comí este falso carpaccio de tomate rosa que espero os guste.


Ingredientes 1 persona

- 1 tomate grande o 2 medianos
- sal (a gusto, yo no le he puesto)
- pimienta (a gusto, yo le he puesto blanca pero podéis elegir la que más os guste)
- zumo de medio limón
- 1 cucharadita de ajo en polvo
- albahaca fresca picada (a gusto)
- un buen chorro de aceite de oliva virgen extra


Preparación

- Cortar los tomates en láminas lo más finas posibles. Yo además les he quitado la piel. 

- Ir colocando el tomate en un plato dándole la forma deseada.

- Espolvorear el ajo, la sal y la pimienta.

- Exprimir el limón y rociar el tomate con el zumo.

- Picar la albahaca y espolvorearla por encima.

- Tapar con papel film y reservar en la nevera hasta la hora de servir. Tal y como veis en las fotos (9 horas después, el tomate se conserva perfectamente).

- Antes de servir, rociar con el aceite de oliva.

Acabados de comprar 

El tomate preparado y antes de guardarlo en la nevera, en la primera foto con el aceite y tras 9 h de maceración Como veis, no se nota la diferencia



Notas:

- Si lo queréis preparar, es lógico que no se pueden meter en la nevera todos los platos de los comensales. En ese caso, colocar el tomate ya sazonado en un recipiente con tapa; hacerlo con mucho cuidado para que no se rompa. Cuando se vaya a servir, montar los platos también con cuidado, rociando cada uno con el aceite al final.

- Podéis sustituir la albahaca por perejil freso u otras hierbas a vuestro gusto.

- Es importante prepararlo con antelación para que el tomate se impregne del aliño. Tal y como os he indicado, este plato lo preparé a las 10 de la mañana para tomarlo para la cena. Las fotos con el aceite, las hice a las 7 de la tarde. Lo único que se percibe, es que el tomate ha soltado algo de agua que se mezcla con el aceite, pero su aspecto es inmejorable.

- Comprobé que no tenía pimienta molida negra, ni molinillo, así que le puse un poco de pimienta blanca, por eso no se aprecia en las fotos. También olvidé poner la sal en la foto y eso es de lo más normal porque hace tantos años que no la tomo.

Bon profit!

Comparte o Imprime este Post:

Y ADEMÁS EN EL BLOG

11 comentarios:

  1. Querida Marisa: cuando vi la foto de este "falso y delicioso carpaccio de tomates rosa" en FB pensé comentar que me ENCANTA el tomate, pero decidí que contaba con tiempo suficiente como para ir directamente a la entrada ... te imaginarás mi sorpresa con esa/otra más coincidencia. Ja ! En mi casa tampoco falta el tomate, de hecho este tomate que vos llamás rosa y acá es simplemente tomate redondo (auténtico, le agrego en estos tiempos) era el infaltable de mi papá, con sal y nada más. Y con mis hijos somos iguales. Yo siempre digo que con pan, queso y tomates puedo pasar tranquilamente el resto de mi vida.
    Nunca la he preparado de antemano, creo que el secreto para que se conserve tan bien es que no tiene sal. ¡Ya me dan ganas de salir a comer tomates!
    Qué linda historia la que compartiste hoy. Ese Roberto ciertamente ha sido todo un personaje en tu pueblo y en tu vida. Recibe mi cariño.

    ResponderEliminar
  2. Marisa otra historia de las tuyas, divertida y entrañable y todo ello en torno a un tomate.
    Yo aún tengo en mi memoria las tomateras que plantaba mi suegro, ese olor cuando al caer la noche las regaba y llenaba el ambiente de frescor y el aroma de tomate autentico y tierra mojada, que tiempos aquellos.
    Disfrutaba de lo lindo buscando el mejor tomate para que yo me lo comiera, como tu dices a mordiscos como si fuera una manzana. Años llevo sin comer un verdadero tomate.
    No recuerdo haber probado nunca el tomate rosa, pero desde ahora me fijaré cuando haga la compra, pero ya te digo que no los encontraré, al menos en Madrid.
    Besos guapa, feliz finde.

    ResponderEliminar
  3. Me encanta Marisa, ya sabes que yo también soy tomatero, pero ni rallanfolo saco tanto, una bonita y amena historia y un excelente plato. Por cierto ayer un amigo me recordaba la costumbre italiana de añadir albahaca al tomate. Un beso

    ResponderEliminar
  4. Marisa , me encanta el tomate , pero por razones de salud no debo comer mucho , asi y todo nunca falta en mi dieta
    este rosado tiene muy buena pinta
    besinos guapa

    ResponderEliminar
  5. Pues yo también soy una fan del tomate, y además así tan finito y sin piel entra sin sentir... Muy sencilla pero imprescindible receta para las comidas de verano. Lo de la maceración es muy importante para que adquiera las texturas y sabores tan especiales. Besos guapa¡¡¡

    ResponderEliminar
  6. Bonita historia!!! Casualidades de la vida.. Yo soy de Monzon.. Al lado de Barbastro.. Y recuerdo los.tomates rosas y las ensaladas que hacía mi madre.. Yo sigo haciéndolas pero con tomates normales porque aquí no he.visto los rosas... Nada que ver por supuesto!!! Pero además en casa siempre le pongo como hacia mi madre... Con ajo troceadito!!! Le da un sabor increible!!!! Con ajo en polvo no lo he probado.. Ahora tengo el tomate prohibido pero la otra noche me di un homenaje.. Me sentó fstal claro.. Pero es que echó tanto de menos estas ensaladitas de tomate para cenar!!! Uffff algún día la probaré con tu receta!!! Un besito preciosa!!!

    ResponderEliminar
  7. No conozco esta variedad y ya me gustaría! Pero supongo que con otros también quedará muy rica esta forma de prepararlos!! besoss!!

    ResponderEliminar
  8. Que buenas las ensaladas de tomates y que recuerdos más divertidos has compartido con nosotros. En mi casa y en la de mis padres desde siempre se ha hecho la ensalada de tomate con sal y aceite de oliva y en ocasiones con un ajito picado u orégano. No sabía que esa variedad se llamara así, pero es la que más se ha utilizado en mi casa, junto con el que ahora llaman de Montserrat. Y también suelo pelarlos algunas veces, pero como más me gustan es recién cogidos de la mata, cortados por la mitad, un poco de sal y a bocados... Diosss se me hace la boca agua!!! jajajaja
    Besos y felices vacaciones!!!

    ResponderEliminar
  9. Esos tomates, con ese color rosa los cultivaba mi padre en su huerto y verdaderamente son una delicia, solía prepararlos parecidos, pero ademas, en vez de albahaca les ponía un poco de cominos molidos y yo cuando los encuentro ñpor aqui los uselo poner así... están buenisimos. Bs.
    Julia.

    ResponderEliminar
  10. Pues a mi me has dado unas ganas de buscar tomates rosas que no veas. Tu ya sabes que por aqui tambien somos muy tomateros, sobretodo comemos trampó casi a diario. Me ha encantado tu ensalada, se ve una carne al tomate espectacular. Besitos y feliz verano

    ResponderEliminar
  11. Que ricoo¡¡¡ los tomates rosas son deliciosos¡¡¡

    ResponderEliminar

Muchas gracias por comentar. Me alegra leer tus palabras y si aprendo de ellas, todo un placer.
Espero tu visita de nuevo.
Este blog no participa en cadenas de premios. Gracias si has pensado en mí.